Memory

One lives in the hope of becoming a memory. 

Antonio Borchia

Leon Rocamora liked this post

Los ateos salen del armario: comentarios de lectores

El 4 de abril El Mundo publicó “Los ateos salen del armario” y algunos días después tuve un intercambio con algunos lectores sobre varios temas de interés que reproduzco en el blog para los que estuvieran interesados en saber de que se trata.

Esther Mucientes | Madrid

Campaña atea promovida por Richard Dawkin en los autobuses. | Reuters

Ateo: Dícese de la persona que niega la existencia de Dios. Son muchos, siempre los ha habido, pero ha sido en el último lustro cuando han empezado a salir a la calle, a hacerse oír. Pero, ¿por qué? ¿Por qué ahora? ¿Qué les mueve?

El ateísmo, como explica el filósofo y escritor Gonzalo Puente Ojea “niega el teísmo”. Un teísmo que afirma “se basa en un Dios creador, sumamente bueno y que lo sabe todo, pero que luego permite las catástrofes humanas y naturales”.

No se trata, como se piensa, de atacar a los creyentes. “Defendemos la libertad de las personas a practicar cualquier religión. Somos racionalistas”, afirma Albert Riva, presidente de la Unión de ateos y librepensadores.

“Lo que había es prevención y sigue habiéndola. La mano de la Iglesia es muy alargada y es capaz de que los políticos bailen sus aguas”

“El número de ateos va creciendo, es algo generacional, aunque la mayor fábrica de ateos son las religiones”, explica Eugenia Biurrun, coordinadora general de Iniciativa Atea. Pero incide en que el objetivo de Iniciativa Atea, asociación internacional, no es la difusión del ateísmo, algo que permanece en el ámbito privado, sino del laicismo: una sociedad laica que permita profesar cualquier religión o ninguna en libertad e igualdad de condiciones.

La proporción de no creyentes, entre los que se incluyen ateos, agnósticos e indiferentes al hecho religioso, ha experimentado un espectacular crecimiento la última década y se sitúa ya en el 25% de la población, según datos del barómetro del CIS de 2010. Sin embargo, y aunque reconocen que se están haciendo cosas poco a poco todavía existe cierto miedo a reconocer el ateísmo.

“Lo que había es prevención y sigue habiéndola. La mano de la Iglesia es muy alargada y es capaz de que los políticos bailen sus aguas. Es por ello que la gente sí que tiene prevención en manifestar su ateísmo por miedo a ser represaliado“, afirma Riva que, en cambio, reconoce que “poco a poco se van haciendo más cosas manifestando nuestro ateísmo en público, con campañas mediáticas… Y así normalizar una situación que es norma”.

Para Puente Ojea, firme defensor del ateísmo en España, sin embargo, los movimientos en nuestro país son muy pocos. “Es muy poca cosa. Y además estamos muy excluidos. Antes había debates ahora no solo se han suprimido sino que no se nos da voz (…) “No progresa el concepto de ateísmo porque no se da espacio en los medios de comunicación”.

“En la industria mediática, y sobre todo, el ateísmo se ve y se muestra como el gran mal del mundo. No tiene espacio. La imagen que se da es que aquí no llega nada y todo el mundo es católico”, asegura el filósofo.

Aun así no van a cejar en su empeño de hacerse oír. “Las fuerzas de la ultratumba religiosa son cada vez más violentas”, y añade: “La Teoría Liberal dice ‘vosotros podéis ser ateos, pero tenéis que estar callados’. Y nosotros no vamos a estar calladitos”.

Manifestaciones, campañas publicitarias, protestas… Cada vez se van movilizando más, pero la presencia todavía es menor. Muy distinto de lo que ocurre al otro lado del Atlántico.

¿Y en EEUU?

En Washington hace dos semanas se dio cita el denominado ‘Rally de la Razón’. Un evento convocado por las organizaciones laicas más importantes de EEUU (Ateos Estadounidenses, Alianza Atea de América…) y encabezado por el divulgador evolutivo, Richard Dawkins, líder intelectual en la actualidad de los movimientos ateos. Un rally que reunió en la capital estadounidense a miles de ateos para hacerse escuchar.

Y es que aunque son varias las razones del auge de los ateos el hacerse ver y que el ateísmo y el laicismo cada vez tengan más peso en la sociedad son una de las principales. Así lo explica también la web ‘Secular web’ que afirman que manifestarse “es una forma efectiva de promover la tolerancia hacia los ateos” y de informar a la gente de quienes son.

Pero el ‘Rally de la Razón’ no ha sido el primero, y probablemente no sea el último. En Berlín, considerada como la capital atea de Europa, donde sólo un 9% de la población se declara católica, ya se ha intentado en numerosas ocasiones reunir a los ateos en manifestaciones y protestas. En España, Madrid, Cataluña o Galicia, también han hecho pinitos, sin mucho éxito. Lo mismo que en Londres.

El ‘Diseño Inteligente’

Pero, ¿por qué este afán de que se escuche su voz y sus ‘no creencias’? En EEUU uno de los detonantes ha sido el empuje en los últimos años del denominado ‘diseño inteligente’, un movimiento que niega la teoría de evolución de Darwin y defiende que la complejidad de la naturaleza es tal que no puede ser únicamente explicada por la selección natural de las especies, sino que precisa de una “causa inteligente”, un “diseñador” más allá de las leyes de la biología.

“En los medios de comunicación se utiliza también un lenguaje y un mensaje antievolucionista”

Basada en la obra del biólogo Michael Denton ‘El destino de la naturaleza’, la teoría del diseño inteligente es una variante sofisticada del creacionismo cristiano, que fundamenta el origen del hombre en las explicaciones de la Biblia.

Hasta aquí no hay problema si no fuera porque desde 2009 en el estado de Texas, el más grande de EEUU y el segundo en compra de libros de texto, la Junta de Educación decidió modificar el plan de estudios en el ámbito de la ciencia e implantar uno en el que los estudiantes deben poner en duda la Teoría de la Evolución y permite a los profesores elegir si enseñan ésta o el ‘Diseño Inteligente’.

Una decisión que hizo saltar las alarmas entre los defensores de la evolución y que abrió la caja de Pandora para que otros estados hicieran lo mismo e incluso fueran más allá. Como por ejemplo Arkansas que cuestionó la Teoría Evolutiva con unas pegatinas a favor del Diseño Inteligente. O en Wisconsin donde en octubre de 2004 la junta escolar se convirtió en la primera en permitir la enseñanza de la teoría del ‘Diseño Inteligente’.

En Europa y, especialmente en España, esta teoría no está implantándose tanto como EEUU. Como explica el astrofísico y director del Planetario de Pamplona, Javier Armentia, “en España no se ha introducido porque la Iglesia Católica no lo ha adoptado”, aunque reconoce que sí ha hecho su aparición en algunas universidades y “sobre todo a través de la Red, como el Catolic Red, donde hay mucho activismo”.

“En España hay una cuestión no solo religiosa sino también de agenda política. El antievolucionismo se liga a la derecha y así se ve en la sociedad (…) En los medios de comunicación se utiliza también un lenguaje y un mensaje antievolucionista. Además, en muchas zonas de España hay mucha gente que se niega a dar bilogía porque va en contra de su religión, especialmente los evangelistas”, explica Armentia.

Los ‘cuatro jinetes del ateísmo’

Todo esto hizo que los ateos, divulgadores evolutivos y laicos se levantaran y comenzaran a protestar. Movimientos que han cruzado el Atlántico de la mano de los considerados por muchos como ‘los cuatro jinetes del ateísmo’, a saber: Richard Dawkins, considera la creencia de un dios personal podría calificarse como un espejismo; Sam Harris, filósofo y escritor estadounidense muy crítico con todos los tipos de religión; Daniel Denett, filósofo estadounidense autor de ‘La conciencia explicada’ y Cristopher Hitchens, era un periodista británico centrado en sus últimos años en la inexistencia de Dios.

“La teoría del diseño inteligente es una variante sofisticada del creacionismo cristiano”

De hecho, Dawkins fue el precursor de la polémica campaña en los autobuses de varias ciudades de Europa ‘There’s probably no God. Now stop worrying and enjoy your life’ (‘Probablemente Dios no existe. Deja ya de preocuparte y disfruta de la vida’).

Y es que la publicidad, Internet, las redes sociales, en definitiva, la globalización son otros de los puntos de apoyo para que los ateos ya no se oculten. Blogs, convocatorias, reuniones… Los ateos que hace dos décadas renegaban de su condición en público ya no se esconden. Si antes pocos ateos eran capaces de decir a sus amigos o conocidos ‘yo soy ateo’, hoy no hay miedo. Pero, ¿por qué?

“Poco a poco la secularización de la sociedad es cada vez más profunda. Las corporaciones eclesiales tienen cada vez menos adeptos. La gente ahora lleva su espiritualidad por dentro”, afirma Francisco Delgado, presidente de Europa Laica.

Aún así Delgado cree que “quedan todavía varias generaciones para que esto se produzca de una manera natural”. E insiste: “Dentro de varias generaciones nos vamos a encontrar una religiosidad muy diferente y el Estado tendrá que ponerse las pilas y ponerse en la misma línea que la sociedad”.

En este sentido, desde Iniciativa atea también piden “una sociedad laica que implique que las religiones permanezcan el ámbito privado, con cesiones de espacios públicos como se hace para otras ideologías o actividades. Y no la permanente cesión del espacio público a la religión católica, ante la que cualquier intento de control o crítica es considerado como una persecución contra ellos“.

Otro erudito en la materia, Philip Clayton, teólogo y filósofo, actualmente decano de la Facultad en la Claremont School of Theology, afirma también que el auge del ateísmo también radica en que hay muchos líderes cristianos cuyas ideas y preocupaciones se alejan cada vez más de la realidad de la sociedad.

Y afirma: “La Iglesia como tal puede aún sobrevivir. Pero a menos que permitimos que nuestros conceptos de Dios evolucionen, de modo que afronten esta crisis de relevancia y hablen con más fuerza al mundo contemporáneo, la influencia de la Iglesia sólo puede ir mermando cada vez más“.

“La iglesia mantiene una sociedad católica a través del adoctrinamiento, aunque cada vez tiene menos peso”, afirma Biurrun.

Sylvia Jimenez liked this post

Sleep Mad, Christopher Hitchens, in this age of American unreason

By Susan Jacoby
Source: The Washington Post

English-born author, 62, who had lived in Washington since 1982, was a master of the persuasive essay. (MARVIN JOSEPH - WASHINGTON POST)

English-born author, 62, who had lived in Washington since 1982, was a master of the persuasive essay. (MARVIN JOSEPH - WASHINGTON POST)

My old friend Julius Hobson, an unconventional Washington civil rights leader in the 1960s (he once drove a cage of rats to Georgetown and threatened to release them at the corner of Wisconsin Avenue and M Street so the power brokers would know how the other half lives), used to say, “I sleep mad.” When I mentioned this many years ago to Christopher Hitchens, who died of cancer Thursday, Christopher remarked, “What a great epitaph that would be!”

We have lost an irreplaceable person in this age of American unreason. By “we,” I do not mean only atheists (although Hitchens is irreplaceable in that respect too) but everyone who values rationality and the English language. Hitchens, whose obituaries are devoting equal space to his atheism and his support for the Iraq war (he once called me stupid to my face for disagreeing with him about the latter), was a great, scathing Anglo-American writer in the tradition of Thomas Paine, George Orwell and Jessica Mitford. We may not see his like again, because the respect for language exemplified by his writings is fading away.

What Christopher (I just cannot call him Hitchens, because it is hard for me to accept the fact that his distinctive voice now belongs to history), contributed to the American dialogue about atheism was a combination of wit and disrespect that American-born atheists just cannot seem to manage. A naturalized U.S. citizen, Christopher was born and educated in England and was an heir to the best British traditions of no-holds-barred wit and satire.

No American atheist was ever going to give a book a title like The Missionary Position: Mother Teresa in Theory and Practice . No, we would begin such a book, if we ever thought about writing it in the first place, by making sure to acknowledge all the good that missionaries, somewhere, somehow, must have done. Christopher, by contrast, went straight for the jugular, noting: “As Edward Gibbon observed about the modes of worship prevalent in the Roman world, they were `considered by the people as equally true, by the philosophers as equally false, and by the magistrates as equally useful.’ Mother Teresa descends from each element in this ghastly triptych.” What a wonderful image “ghastly triptych” is!

Nothing displayed Christopher’s mettle as a writer and a person as well as the columns he wrote during the past year while undergoing all of the grueling, debilitating forms of treatment familiar to cancer patients fighting for their lives. These columns, published mainly in Vanity Fair magazine, are destined to become classics on the subject of living with a mortal illness. They stand as an antidote to all of the junk thought tomes published in the past 30 years about how much people have “learned” from cancer.

Christopher’s most recent column (I don’t know if he wrote another before he died), took on Neitzsche’s well-known dictum that “whatever doesn’t kill me, makes me stronger.” Christopher was having none of that.

“I am typing this having just had an injection to reduce the pain in my arms, hands, and fingers,” he wrote. “The chief side effect of this pain is numbness in the extremities, filling me with the not irrational fear that I will lose the ability to write…I feel my personality and identity dissolving as I contemplate …the loss of the transmission belts that connect me to writing and thinking.”

In June, Christopher wrote about the loss of his speaking voice as a result of the various high-tech treatments he was undergoing. “So now every day I go to the waiting room, and watch the awful news from Japan on cable TV…and wait impatiently for a high dose of protons to be fired into my body at two-thirds the speed of light. What do I hope for? If not a cure, then a remission. And what do I want back? In the most beautiful apposition of two of the simplest words in our language: the freedom of speech.”

What I admire, as an atheist, about these columns is their unsparingly unsentimental examination of the process of fighting a disease that you know is going to consume you. Every well-known person who has ever challenged religious orthodoxy — Voltaire, Paine, Robert Ingersoll — has engendered an afterlife of lies in which believers assert that the “infidel” repented and accepted God on his deathbed. Christopher Hitchens made sure that would not happen to him, and in doing so he has left a model record of pain and reason, as opposed to the nonsense about eternal life that we get from religious people, who, mirabile dictu, fight just as hard as anyone else not to leave this vale of tears.

However, the most splendid essay Christopher Hitchens wrote this year was a peroration against recent translations of the King James Bible, designed to update religion for the modern world and get rid of all those pesky thees and thous, which modern worshippers supposedly cannot comprehend.

Alluding to the common cultural references that the King James version has provided for every great writer in the English language, Christopher asserted:

“A culture that does not posses this common store of images and allegories will be a perilously thin one. To seek relentlessly to update it or to make it `relevant’ is to miss the point, like yearning for a hip-hop Shakespeare. `Man is born unto trouble as the sparks fly upward,’ says the Book of Job. Want to try to improve that for Twitter?”

The essay describes the abandonment of the King James version by many modern churches, including the Church of England, as “yet another demonstration that religion is man-made, with inky human fingerprints all over its supposedly inspired and unalterable texts.”

Of course, some well-known religious believers, apparently unaware that one of the reasons atheists become atheists is that they have read the Bible carefully, mistook Christopher’s beautiful elegy for our common culture as a sign that he was abandoning his atheism. That one may love these glorious words and images without believing, say, that God created the world in six days or that a man rose from the dead is lost on the faithful literalists.

I sent Christopher an email in March telling him how much I liked this piece and that my 90-year-old mother, who was also mortally ill, had enjoyed it too. “Your note made my day,” he replied. That was the penultimate time I heard from this distant but dear professional friend.

There was no one like him. If he were only asleep, he would still be mad.